¿Qué es la luz azul?
Lo que llamamos “luz” es una parte del espectro electromagnético (toda la energía que nos viene del sol) que es visible para nosotros. En la retina tenemos unas células llamadas fotorreceptores, que reciben esa parte del espectro y la transforman en un impulso nervioso, que viaja por la vía visual hacia una parte del cerebro, que procesa la información y la traduce en lo que vemos. La luz visible comprende las longitudes de onda entre los 380 y 750 nanómetros (nm).

Por debajo de los 350nm se encuentran las radiaciones de alta energía que comienzan con los ultravioleta, de los cuales ya sabemos que la sobreexposición a ellos sin la protección adecuada puede ser nociva para nuestros ojos y nuestra piel. Pasando los 750nm están las radiaciones de onda larga como los infrarrojos.
Si miramos el espectro visible, encontramos que la luz azul está entre los 450 y 550nm y ocupa alrededor de un 27% de la luz visible. En este punto, es necesario hacer una division entre dos tipos de luz azul:
Luz azul turquesa
Son las longitudes de onda cercanas a los 500 – 550nm. Si hablamos de tiempos de exposición naturales (luz del día), esta radiación tiene beneficios:
- Regula el período de sueño – vigilia (ritmo circadiano)
- La exposición a ella nos pone activos, y puede ayudarnos en el aprendizaje y el rendimiento.
- Esta luz es la responsable del estímulo de contracción de la pupila, que nos protege de la entrada de radiación UV al ojo.
Luz azul violeta
Son las longitudes de onda más cortas, cercanas al violeta. En el corto plazo esta radiación puede provocar cansancio y estress visual y en el largo plazo se sospecha que contribuye a la degeneración macular y a la formación de cataratas (al igual que el ultravioleta).
¿Qué pasa cuando hay sobreexposición a la luz azul?
Dijimos anteriormente que la luz azul turquesa es beneficiosa cuando el tiempo de exposición es el natural (luz de día), pero en la actualidad, eso no ocurre. Por el contrario, tenemos un exceso en la exposición a esa luz, y como la mayoría de los excesos, puede perjudicarnos.
La llegada de los LED, ha supuesto un avance en términos de optimización de la energía en el uso de lámparas y ha permitido fabricar pantallas delgadas y ligeras. Podemos decir que es una tecnología que ha llegado para quedarse. Los LED (tanto las lámparas como ls pantallas) tienen su pico de emisión de luz en los 450nm, por lo que son verdaderos emisores de luz azul. Y nosotros estamos recibiendo esa radiación durante muchas horas al día.
¿Por qué nos preocupan las pantallas?

Si bien estamos expuestos a la luz azul que emiten todos los dispositivos LED, los que más nos preocupan son los teléfonos móviles, tablets y computadoras, debido a la distancia a la que usamos estos objetos. Por lo general, una computadora la usamos a 50 – 60cm y un teléfono o tablet a unos 33 – 40cm de distancia. Además estos dispositivos forman parte de nuestra vida cotidiana, los utilizamos para trabajar, para distraernos y para comunicarnos con el mundo. Pasamos muchas horas frente a ellos. Esta sobreexposición a la luz azul que emiten estos dispositivos tienen consecuencias:
- Alteración del ritmo circadiano: La luz azul nos activa y nos despierta. En ausencia de ella, en la oscuridad nuestro cuerpo produce una hormona llamada melatonina que es la responsable del sueño. Nuestro ciclo sueño – vigilia está regulado por el ciclo luz – oscuridad. Cuando estamos expuestos a luz azul artificial en horarios nocturnos, puede generarnos dificultad para conciliar el sueño o para descansar bien. Además la melatonina está relacionada con el sistema inmune, la regulación de la presión arterial y del metabolismo de la glucosa
- La luz azul de onda corta (azul violeta) es la que provoca el deslumbramiento y en consecuencia genera fatiga y stress visual.
- Se ha demostrado en estudios in vitro con ojos de animales vivos, que la luz azul violeta tiene un efecto tóxico en las células de la retina, pero esto aún no se ha podido demostrar en ojos humanos.
Los niños y los jóvenes son los más expuestos a estas tecnologías, y hay que tener especial cuidado sobretodo en los niños, ya que sus pupilas son más grandes que en los adultos y los medios oculares aún no han completado su pigmentación, por lo que son más transparentes. Esto los vuelve más vulnerables a la radiación. No olvidemos que estos efectos son acumulativos y no se revierten.
¿Cómo nos cuidamos de los efectos nocivos de la luz azul?

Nuestros ojos tienen pigmentos anaranjados en la zona de la retina y más amarillos en la mácula que constituyen un filtro natural para la luz azul. Además el cristalino y la córnea absorben parte de esa radiación.
Pero cuando nos exponemos a un flujo contínuo de luz azul, esa protección natural de los ojos no es suficiente. A eso debemos sumarle, que el aumento de la esperanza de vida promedio a dado lugar al incremento de patologías como la Degeneración macular asociada a la Edad (DMAE) y las cataratas. Se sospecha que los efectos acumulativos de la radiación azul y UV contribuyen en el desarrollo de estas enfermedades.
En la actualidad existen lentes que filtran la luz azul en sus longitudes de onda más cortas (cercanas al violeta). Estos filtros tienen la ventaja de filtrar todo el espectro ultravioleta, lo cual nos ofrece una protección extra aunque no estemos usando pantallas, y por lo general se fabrican con antirreflejo.
También existen filtros blue light para las pantallas de los dispositivos que se pueden programar para que se activen automáticamente en modo nocturno.
Es importante destacar que una dieta equilibrada y hábitos saludables, ayudan a prevenir patologías degenerativas.
Recuerda:
La luz azul no es mala, y de hecho la necesitamos. Es la sobreexposición la que puede generar trastornos a corto plazo y problemas más graves en el largo plazo. Es importante un uso racional y consciente de los dispositivos LED, protegerse con filtros, llevar una vida saludable y hacernos un control visual de rutina una vez al año. Ante cualquier duda, consultar siempre con el profesional de salud correspondiente.